sábado, 24 de abril de 2021

Milonguero De Domingos

 

Aldo Perales se levanta  a las seis .Prolijamente hace uso de la navaja propinándose una afeitada bien  varonil. Antes de calzarse las cómodas pantuflas repasa sus talones con piedra pómez porque  los nuevos zapatos de baile le causaron lastimaduras.

En la sección admisión del hospital Borda, Aldo Perales presta servicios  hace muchos años. Minutos antes de retirarse tiene la costumbre  de tomar un té de tilo y con cada sorbo mirando  por el ventanal el atardecer  reflexiona…” como puede ser que la gente  deja acá a sus seres queridos y se  olvida de ellos.”

 Cada mañana, cerca de  la diez, Aldo Perales haciendo   abandono de   la incomoda  silla , va en busca de los jardineros y les pide algunas fresias para colocar en el florero vacío que decora  su   oficina. Todos los días se ocupa de llenarlo. García, uno de los  serenos,  le chusmio que  por las noches algunas almas seductoras las hurtan  y se las obsequian a sus amores clandestinos.

Tiene miles de historias como estas  para matizar el diálogo con los  pasajeros del Mitre .De léxico ejemplar Jamás  va a decir un improperio. La anécdota   más reciente lo tuvo como testigo presencial. Recorría  los jardines boqueando un grisáceo humo, mientras tosía  observó cómo dos internos chocaron violentamente sus sillas de ruedas en una loca competencia. 

Al cabo de la jornada laboral  camina despacio  a tomar el tranvía  9 que lo lleva a la estación Constitución. Allí Aldo Perales,  dispone de un nuevo medio de transporte para  poder acortar  el traslado. El año pasado, un 9 de noviembre de 1934,  se había inaugurado el primer tramo  de la línea C  de subterráneos que  unía Plaza Constitución con  Diagonal Norte y hace unos días  habilitaron  el tramo final hasta Retiro. Recibió con beneplácito esta noticia, ya que  le es muy útil combinar el subte con el tren.       

Los viernes tiene la costumbre de ocupar el ultimó banco del andén y saborear la crocante tortilla que Estrella le mantiene  calentita a un costado de las brasas.                               

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Así  Aldo Perales comienza la charla — ¿Usted  abandonaría a un familiar?

—Ni loca, si lo  tuviera  lo cuidaría, no le soltaría la mano. Pero… no tengo a nadie.

—Disculpe, no sabía que estaba sola…No lo tome a mal. ¿ Le gustaría ir a bailar el fin de semana?

—Cómo no,  me encantaría.

 Milonguero de domingos, bailarín para nada engreído, Aldo  Perales es   de los primeros en llegar, junto a su compañera Hilda  les  enseñan  a los principiantes unos pasos básicos. Se queda bailando hasta apagan las luces, aunque ella se retire, él sigue en la pista viendo como el sol traspasa el tinglado..

Es su  cable a tierra. Está muy contento cuando marca  con cortes y quebradas el compás de los tangos, no duda un instante en concurrir a “La Vitrola”  su milonga preferida en Carupá . Al no contar con una lapicera “inexistente por estos años”, en ciertas ocasiones recurre a la buena voluntad del  cantinero  para que le anote  la dirección de la   percanta que  gustosa le  aceptó una cita. Pero esta noche  “otro gallo cantaría”. 

Aldo Perales pasó a buscar a Estrella  por la plaza, al llegar a la milonga  le presentó a  Hilda su compañera, y junto a unos canyengues bailarines  gastaron las baldosas por horas.

 Avanzada la noche, Hilda decide irse, está cansada, siente que  es tiempo de acostarse. Se despiden cordialmente. Aldo  sigue firme bailando junto a su invitada,  de a ratos descansan y se toman unos copetines.

Ya con él sol por sobre las terrazas,  Aldo acompaña a Estrella hasta su casa,   susurrando al oído le dice:-¿ Le parece bien si nos cuidamos mutuamente?

Sonriente, ella  le responde  acariciándole la mejilla— Si Aldo Perales, nos mimaremos para siempre.    

 

 O.A.B

         

        


 

 

 

 

 

 

               

 

 

 

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