domingo, 27 de junio de 2021

El Pibe

 

 El pibe con el  lápiz negro  marca  una  canchita  sobre la  vieja tabla de lavar. A los   gritas llama al tío Juan y empujando   botones simulan un metegol.

La tía Inés  manipula  la Knittax  y les pide que no griten mientras   teje  bufandas  escuchando a Guaraní.

Juan lo  observa con sumo placer y cada vez que el pibe   grita un gol levanta su  pulgar felicitándolo. Se  lamenta de  que no es quemero como él. El  pibe  es  bosterito, salió al padre, pudo haber sido del pincha como su padrino, o de los bichos colorados, el equipo del barrio   La Paternal que lo vio nacer.

Disfrutan de una tarde invernal, por primera vez el pibe  pasa las vacaciones  con ellos , que  al  no  tener  hijos  lo invitan  y  su presencia bochinchera   les  va acortando  los  días.

Le tienen guardadas algunas sorpresas. Inés va a comprar  halva, doña Azucena lo exhibe  en el mostrador debajo de   una  campana de vidrio. Saben que  es una de sus debilidades, cada vez que lo mandan al almacén vuelve con  un pedacito  del manjar a modo de  yapa. 

Inquieto como todo pibe, toma el mazo de cartas y  aprovecha  la sabiduría del tío para aprender a truquear. La tía mientras tanto amasa.   

Al término de la exquisita pizza  comparten  el    postre. El pibe   abre los  ojos como el dos de oro. Estaba apoyando su  cabecita en la mesa pero rápidamente se despabiló y  en un santiamén  lo devoró.

Antes de acostarlo, la tía Inés   coloca una botella de barro sobre el colchón, Con instinto  maternal  también le agrega un par de frazadas, teme que el pibe pase frio.

Juan lo acaricia, susurrándole  le dice :--Mañana vamos a  tener un día largo.

Duerme calentito, como no está acostumbrado a los sonidos matinales lujanenses   se despierta  temprano. Juan ya está en la cocina, mientras  matea  lee  El Civismo.

—Hola Tío, buen día.

—Hola  ¿Apoliyaste  bien?

— Si, decí  que empezaron a cantar  los gallos, estaba para  seguir  un rato más — ¿La tía?

—Fue a lo de Elsa.

— ¿Vamos  a pasear tío?

—Te  llevo a conocer  la cancha de Huracán, hoy  empieza el campeonato nacional  y jugamos  contra San Lorenzo de Mar del Plata.

— ¡En serio, qué bueno! ¿A quién  conoces de los contrarios?

— A  “Llamarada” Eresuma, es un goleador fenomenal, si anda derecho estamos sonados.  

Llega  la tía con las facturas calentitas, desayunan y  bastante abrigados   toman el 500 que los deja en la estación.

 El tren está  demorado en Olivera. Casi dos horas después  bajan en Moreno para el trasbordo. Tienen ganas de hacer pis, cruzan y solapadamente tras un plátano cumplen de a uno con su necesidad. Esperaron más de una hora para  abordar el eléctrico que finalmente los llevaría a  Once. Pero se detienen en Morón .” Queda interrumpido el servicio por un accidente  en  Liniers” dieron aviso los altavoces del anden . El tío, diligente, encuentra la parada del Miserere y  de manera impensada llegan a destino.  Sin dudarlo van  almorzar  a un barcito  sobre Pueyrredón. En el ambiente  se respira humildad, no es de esos lugares paquetes donde te sirven un té con masitas, acá  preparan  especiales de crudo bien cargados.

— ¿Falta mucho?

— Comé tranquilo pibe  — Con el  118 enseguida estamos.

 Por fin ingresan al palacio Ducó  buscando ubicación en la popular, El pibe asombrado   mira para todos lados, le llaman la atención lo grande que es y no comprende porque  unos tipos en cuero sobre  los  paravalanchas le dan la espalda a los jugadores. 

 El clima va tomando temperatura, a los  33’  del primer tiempo para alegría del tío Juan  Babington convierte el primer gol, al gritarlo casi se atraganta con las garrapiñadas. Finalmente” El Globito” ganó   3 a  0. en ningún momento el tío  sintió miedo de perder porque  esta vez Eresuma no la embocó.

El pibe  abrazándolo le  agradece el paseo, lo felicita  y busca sacarse una duda.  

— ¿Tío, porque Huracán tiene el globito en su camiseta?

—Es en homenaje a Jorge Newbery que  en el año 1909 se subió a un  globo aerostático y rompió el récord sudamericano, hizo como 500 km, creo que en 15 horas. — también me acuerdo que en 1910 el presidente de nuestro  club lo hizo  socio.

El pibe escuchaba sorprendido el relato y sugiere.

—Tío, tenemos unas cuantas horas de viaje, después contáme más de este ídolo, me interesa pero... ahora vámonos por que tengo un frío bárbaro.

O.A.B.

     

 


 

 

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